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Opinión: Bárbara preocupante; "shampein" del pueblo


Sin duda, el rating es lo que marca el rumbo de un ciclo de tv. No es algo nuevo este principio básico de la televisión en el "Bailando por un Sueño", pero esta vez se ha llegado al extremo de las variaciones de rumbo, sentido y coherencia del programa. Tal vez es lo que el público quiere ver... Bueno, en realidad, eso está confirmado.


El título marca dos momentos muy marcados en la pasada emisión de Showmatch. El show de Gasalla con su personaje, y la previa al baile (¿baile?, ah ¿ella bailaba?) de Charlotte Caniggia.


Fue un programa histórico. Jamás hubo uno igual en estos 23 años. Se mostró la VERDADERA COCINA DEL SHOW, y la característica de "todoterreno" que presentó todo el equipo de trabajo. Todo en base a los caprichos de una niña que revolucionó como nunca a Ideas del Sur.


El mayor "culebrón del espectáculo" de este 2012 lo protagonizó Gasalla. Pasar de un canal líder al de la extrema competencia siempre resuena, pero más si lo hace un consagrado, y mucho más aún si su contratante deja de ser Susana y pasa a ser Marcelo. 
Por ahora, lo del cómico no ha colmado en absoluto las expectativas. Para rendir y explayarse como él sabe, Antonio necesita un ambiente distendido, algo que Showmatch no le puede ni le podrá dar. Como jurado no ha aportado nada, y ayer, su personaje de "Bárbara Don´t Worry" fue desplazado totalmente del centro de atención, por su falta de poder de improvisación humorística. La "abuela" se ha salvado de este magro rendimiento.


En lugar de lo ingenioso de Gasalla, se optó por lo espontáneo de Charlotte. 
Hay que hablar claro. Lo que atrae no es Charlotte, cualquier televidente medio de Showmatch rechazaría esa manera de ser y de vivir en una nube. La ridiculización que todo el tiempo ejerce el conductor hacia el personaje de la hija de Caniggia y Mariana Nannis, intentando volverla "de barrio" es lo realmente atractivo. 


Desde una cena con muzzarella y cerveza en una pizzería frente a Ideas, a un colectivo, a tomar tragos, a una maratón con tacos, a una disco. Todos vivimos "El Show de Charlotte". ¿Cómo sucedió todo eso en poco más de dos horas?. Simplemente se fue dando, no sabemos cómo. Nadie lo sabe. El programa fluctuó de manera desprolija, como nunca antes se había visto, con improvisaciones de producción y de conducción, movimientos bruscos de cámaras, y señas, charlas internas entre programadores, productores y conductores que en la normalidad no hubiéramos visto nunca al aire. La verdadera cocina del show.


A pesar de esas notorias desprolijidades, entendibles por la vorágine que se vivió, la producción sigue mereciendo el Martín Fierro a la producción integral.


Las mayores verdades, que iban a ser vertidas en este análisis, las dijo Dady de forma imposible de superar: "¡Estás tirando la plata Marcelo!... Pensar que tenés 60 tipos contratados rascándose los h... ahí, y pudiste hacer este quil... con dos mangos!". "Esto era un certamen de baile. ¿Con qué seguimos mañana? (en respuesta, lo mismo se preguntaron Codevilla y Fernández)".


De este absoluto éxito, esto último es lo más preocupante, pues nada garantiza que mañana, si se repite esta idea, vuelva a ser tan llamativo para la audiencia. ¿Se vuelve radicalmente al baile, al jurado, a las peleas, o se opta por el ingenio y el antojo estimulado por unas copas de "shampein?". Dificilísima elección. 


La conclusión que se puede sacar es que no son siempre necesarias las figuras de absoluto renombre que valen millones, ni la abundancia de participantes que obliga al apuro permanente para marcar 30 puntos. El que mira Showmatch, quiere sencillamente entretenimiento.


Como dice un cierto dicho: a veces, lo no planeado sale mucho mejor.

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